ARTICULO PUBLICADO EN EL DIARIO VASCO EL 13/9
Conciencia,
pensamiento y suicidio
“El hombre/mujer” se suicidan por su propia esencia, mal
gestionada y desbordados por el alejamiento de la realidad y la separación de
su entidad como consecuencia de los pensamientos irracionales, irreales o
imposibles y siempre tóxicos. La conciencia
sesgada de su existencia, de las circunstancias que le rodean, la
creencia de que la fantasía o la utopía son alcanzables, que le pertenecen y
tiene derecho a ellas, que las cosas tienen que ser de una forma determinada,
la quimera de la felicidad de revista y la abundancia, desembocan en un proceso de pensamientos frustrantes y
perniciosos que producen el abatimiento de la persona, cambios físicos en el cuerpo y la mente, y en
ultimo termino dolor y sufrimiento. Sufrimiento que destruye la capacidad
cognitiva, la memoria y las capacidades afectivas, funcionales, sensoriales y
perceptivas de la realidad,… la depresión. Es la conciencia del sufrimiento, de
la incapacidad de mantenerse distante y por encima de las circunstancias a las
que inevitablemente estamos expuestos, la incomprensión y rechazo del fin
último de la vida, que es la propia extinción, instalada en la persona por
genética y educación, el convencimiento de que el sufrimiento no tendrá fin lo
que le lleva a adelantar su propia extinción
como rebeldía, inconformismo, incomprensión y solución final de la
incapacidad para vivir. Los animales igual que las personas con alzheimer
sienten los dolores físicos y los humanos también la ansiedad de su existencia,
pero no tienen la conciencia de la realidad que lleva al suicidio. Por eso
muchos pedimos que en caso de perder la conciencia y la dignidad se nos
facilite el último viaje con naturalidad. Mientras tanto la cabeza alta, la
vista al frente y una mano amiga.
Pedromari
Modrego. Donostia

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